sábado, 9 de junio de 2012

CARTA FIN DE CURSO





miércoles, 30 de mayo de 2012


   Compañeros os adjunto una hermosa y emotiva carta que nos remite nuestra antigua y futura compañera Isabel.
 Espero que la disfruteis tanto como yo lo he hecho
                                              “Fin de curso”
Cada día, a las cinco de la tarde, un goteo de personas que ya no cumplirán los cincuenta se dirigen, como escolares, a la Casa de la Cultura, para asistir al Aula Permanente de Formación Abierta de la Universidad. Todas aligeran las tareas domésticas para llegar puntuales a clase. Algunas de ellas empezaron el día que se inauguró y aún continúan enriqueciéndose con los conocimientos que allí se imparten por un profesorado ilusionado,  preparado y totalmente entregado. 
Bajo el brazo llevan una carpeta; sobre el pecho, colgadas, unas gafas graduadas para ayudar a sus cansados ojos. Su andar pausado y la espalda un poco encorvada por el peso de  una  mochila invisible, que su paso por la vida se ha encargando de llenar, con fatigas y penas. Pero, a esta generación de la posguerra, nada ha conseguido arrebatarle sus ganas de vivir.
Desde mi ventana, sin ánimo de curiosear, las observo. Las conozco a todas porque soy paisana y sé que solo están mayores por fuera. Son  joyas que la vida ha envuelto en papel arrugado.  
No me gustaría que estas actividades, didácticas, se hayan creado con la intención, solamente, de entretener a  personas de la tercera edad, para que no se acuerden de las pastillas que alivian el dolor de sus frágiles huesos (como alguien malicioso podría pensar). Si así  fuera, seria desconsolador, prefiero pensar, no me importa que me llamen ingenua, que los mandatarios han querido fundar esta tarea ligada a la universidad para que muchas de estas personas tengan la oportunidad que en su día no tuvieron y puedan decir…
- Estoy en la universidad, soy universitario/a y puedo gozar mientras voy formando mi intelecto, además me permitiré el lujo de asistir mientras me quede una neurona con vida, porque ninguna normativa me lo impide…
Algo que a los de nuestra edad nos parece un privilegio y que da fuerza para sentir la sangre bullir por las venas y el corazón galopando como si fuéramos jóvenes.
A la salida de clase todas las caras relumbran sonrientes. Las tardes de  nuestro gélido invierno invitan a tomar chocolate caliente, en una cafetería, mientras se comenta lo bien que estuvo la clase y el esfuerzo de los profesores por hacernos agradable nuestro aprendizaje. 
Es fin de curso y es estupendo llegar sin el agobio que ha querido evitar la dirección de esta universidad, otra, los obligaría a pasar un examen y… eso fatigaría a este especial alumnado. Ya se encarga el día a día con sus zancadillas de ponerlos a prueba cada vez que sale el sol.
Con la voluntad firme de vernos el próximo año, académico, nos despedimos y digo nos despedimos, porque, aunque yo no asista, a clase, por circunstancias que no vienen al caso, me siento ligada a este grupo de buena gente y a este proyecto del que pienso disfrutar cuando mi situación laboral me lo permita. ¡Salud y suerte amigos/as! Y hasta el próximo curso.
ISABEL
15-05-2012