viernes, 19 de noviembre de 2010

LA POESÍA ROMÁNTICA. PROFESORA: EMILIA MARTÍN

 LA POESÍA ROMÁNTICA.


PROFESORA:  EMILIA MARTÍN



Los poetas contemporáneos (1846), de Antonio María Esquivel. En él retrató a numerosos literatos que constituyeron la pléyade del Romanticismo español, junto con políticos, pintores, músicos, actores e intelectuales.




MARCO HISTÓRICO Y CULTURAL
  • Desde un punto de vista histórico, el siglo XIX comienza en España en 1808 con la guerra de la independencia y termina con la pérdida de la últimas colonias (Cuba y Filipinas) en 1898. Este período está marcado por la inestabilidad política y por los enfrentamientos entre liberales y conservadores, puesto de manifiesto durante los reinados de Fernado VII y de su hija Isabel II. Desde 1875, con  la Restauración de la dinastía borbónica en la persona de Alfonso XII, se inició una etapa de mayor estabilidad, aunque no se solucionaron los graves problemas que aquejaban a la sociedad española.
  • La revolución industrial provocó importantes cambios sociales a finales del siglo XIX. La burguesía se convirtió en la clase dominante y aparecieron los movimientos obreros.
  • Las tendencias predominantes en la literatura del siglo XIX fueron el Romanticismo, durante la primera mitad del siglo, y el Realismo y el Naturalismo, durante la segunda. 
 EL ROMANTICISMO
  • El Romanticismo fue un movimiento artístico, pero también una actitud ante la vida, que surge como reacción al racionalismo neoclásico.
  •  Los románticos reivindicaron la libertad tanto en la vida como en sus creaciones; de ahí que no se sometieran a reglas o normas establecidas.
  • Los artistas románticos aspiran a alcanzar unos ideales, pero la imposibilidad de lograrlos les produce frustración y los sumerge en un pesimismo que, incluso, puede conducirlos al suicidio. Una salida es la evasión y, para ello, sitúan sus obras en lugares lejanos o en épocas pasadas, entre las que prefieren la Edad Media.
  • El arte romántico es fundamentalmente subjetivo: las obras expresan los sentimientos y emociones del autor. En cuanto a los temas, cobran gran importancia lo irracional, la fantasía y el misterio
        LA POESÍA ROMÁNTICA
  • En el romanticismo convivieron diferentes géneros poéticos. Entre ellos se encuentra la poesía narrativa, generalmente sobre temas históricos o legendarios. En esta línea destacan dos obras de José de Espronceda: El estudiante de Salamanca y El diablo mundo.
  • Junto con la poesía narrativa, se cultivó la poesía,lírica, que se consideraba el modo de expresión más idóneo para la subjetividad romántica. Los poetas plasmaron en sus versos sus emociones y sentimientos: hablaron del amor, de la muerte, de la libertad, del desengaño... Entre los poetas líricos de la primera mitad del siglo XIX destaca José de Espronceda, y en la segunda mitad sobresalían Gutavo Adolfo Bécquer y Rosalía de Castro.
 Rosalía de Castro. 

 Nació en Santiago de Compostela en 1837. Vivió en Madrid, así como en varios lugares de Castilla y de su Gálica natal, adonde regresó para establecerse hasta el final de su vida (1885)
Su obra en gallego comprende dos libros:Cantares gallegos y Follas novas. En castellano escribió En las orillas de Sar. Al igual que Bécquer, Rosalía de Castro busco la sencillez en las formas. La escritora vierte en su poesía sentimientos de angustia y desolación, también refleja la realidad social de su tierra y la solidaridad con sus gentes


[ LVIII ]


   Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,


ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros:


lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso


de mí murmuran y exclaman:


-Ahí va la loca, soñando



con la eterna primavera de la vida y de los campos,  

y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,


y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.



   -Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha;


mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,


con la eterna primavera de la vida que se apaga  

y la perenne frescura de los campos y las almas,


aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.



   Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños;


sin ellos, ¿cómo admiraros, ni cómo vivir sin ellos?



Espronceda

José de Espronceda

Es el poeta más brillante y representativo de la lírica romántica española. Nació en marzo de 1808 en Almendralejo (Badajoz).
 su corta vida estuvo marcada por su agitada actuación política del lado  de los liberales, su destierro en plena juventud, sus frecuentes arrestos y su atormentada pasión por Teresa Mancha mujer casada a la que raptó  y por la que será abandonado más tarde. Murió a los 34 años de edad.
Esta canción es la más popular del poeta. Ha sido considerada como el primer poema romántico español.
Se caracteriza por la sencillez de su vocabulario, capaz de ser entendido por la mayoría; como por la concisión, el acierto de las metáforas y la perfección del ritmo.
A través del pirata, uno de los símbolos preferidos de la poesía romántica europea, Espronceda expresa sus propios sentimientos de amor a la libertad y a la justicia.

Canción del Pirata

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela,
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido,
del uno al otro confín.

La luna en el mar rïela,
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y ve el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Estambul:

«Navega, velero mío,
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés,
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.»

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

«Allá muevan feroz guerra,
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.

Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pecho


Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

A la voz de «¡barco viene!»
es de ver
como vira y se previene,
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.

En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río;
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna entena,
quizá en su propio navío.

Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.

Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.




Gustavo Adolfo Bécquer



Gustavo Adolfo Bécquer  nació en Sevilla en 1836. Se trasladó a Madrid para dedicarse a la literatura y colaboró en varios periódicos. Murió en Madrid en 1870
Entre sus obras en prosa destacan las Leyendas, en las que predominan el misterio, lo sobrenatural y el tema del amor imposible.
Su obra poética está recogida bajo el título de Rimas. Se trata  de un conjunto de poemas que buscan la expresión sencilla, pero a  la vez profunda, de las emociones. Predominan la rima asonante, los paralelismos y la identificación entre los sentimientos y la naturaleza. Los temas principales son la creación poética, el amor (visto como un sentimiento positivo, pero que acaba en desengaño), el dolor y la muerte





RIMA I
Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de este himno
cadencias que el aire dilata en las sombras.
Yo quisiera escribirlo, del hombre
domando el rebelde, mezquino idioma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.
Pero en vano es luchar; que no hay cifra
capaz de encerrarlo, y apenas, ¡oh hermosa!
Si, teniendo en mis manos las tuyas,
pudiera, al oído, cantártelo a solas.


RIMA VII
Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueño tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo
veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas
como el pájaro duerme en la rama
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!
¡Ay! -pensé-, ¡Cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz, como Lázaro, espera
que le diga: “Levántate y anda”!


RIMA XI
—Yo soy ardiente, yo soy morena,
yo soy el símbolo de la pasión,
de ansia de goces mi alma está llena.
¿A mí me buscas?
—No es a ti, no.
—Mi frente es pálida, mis trenzas de oro:
puedo brindarte dichas sin fin,
yo de ternuras guardo un tesoro.
¿A mí me llamas?
—No, no es a ti.
—Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz;
soy incorpórea, soy intangible:
no puedo amarte.
—¡Oh ven, ven tú!


Leyendas

LAS HOJAS SECAS
 El sol se había puesto: las nubes, que cruzaban hechas jirones sobre mi cabeza, iban a amontonarse unas sobre otras en el horizonte lejano. El viento frío de las tardes de otoño arremolinaba las hojas secas a mis pies.
Yo estaba sentado al borde de un camino, por donde siempre vuelven menos de los que van.
No sé en qué pensaba, si en efecto pensaba entonces en alguna cosa. Mi alma temblaba a punto de lanzarse al espacio, como el pájaro tiembla y agita ligeramente las alas antes de levantar el vuelo.
Hay momentos en que, merced a una serie de abstracciones, el espíritu se sustrae a cuanto le rodea, y replegándose en sí mismo analiza y comprende todos los misteriosos fenómenos de la vida interna del hombre.
Hay otros en que se desliga de la carne, pierde su personalidad y se confunde con los elementos de la Naturaleza, se relaciona con su modo de ser y traduce su incomprensible lenguaje.
Yo me hallaba en uno de estos últimos momentos, cuando solo y en medio de la escueta llanura oí hablar cerca de mí.
Eran dos hojas secas las que hablaban, y éste, poco más o menos, su extraño diálogo:
-¿De dónde vienes, hermana?
-Vengo de rodar con el torbellino, envuelta en la nube de polvo y de las hojas secas nuestras compañeras, a lo largo de la interminable llanura. ¿Y tú?
-Yo he seguido algún tiempo la corriente del río, hasta que el vendaval me arrancó de entre el légamo y los juncos de la orilla.
-¿Y adónde vas?
-No lo sé: ¿lo sabe acaso el viento que me empuja?
-¡Ay! ¿Quién diría que habíamos de acabar amarillas y secas arrastrándonos por la tierra, nosotras que vivimos vestidas de color y de luz meciéndonos en el aire?
-¿Te acuerdas de los hermosos días en que brotamos; de aquella apacible mañana en que, roto el hinchado botón que nos servía de cuna, nos desplegamos al templado beso del sol como un abanico de esmeraldas?
-¡Oh! ¡Qué dulce era sentirse balanceada por la brisa a aquella altura, bebiendo por todos los poros el aire y la luz!
-¡Oh! ¡Qué hermoso era ver correr el agua del río que lamía las retorcidas raíces del añoso tronco que nos sustentaba, aquel agua limpia y transparente que copiaba como un espejo el azul del cielo, de modo que creíamos vivir suspendidas entre dos abismos azules!
-¡Con qué placer nos asomábamos por cima de las verdes frondas para vernos retratadas en la temblorosa corriente!
-¡Cómo cantábamos juntas imitando el rumor de la brisa y siguiendo el ritmo de las ondas!
-Los insectos brillantes revoloteaban desplegando sus alas de gasa a nuestro alrededor.
-Y las mariposas blancas y las libélulas azules, que giran por el aire en extraños círculos, se paraban un momento en nuestros dentellados bordes a contarse los secretos de ese misterioso amor que dura un instante y les consume la vida.
-Cada cual de nosotras era una nota en el concierto de los bosques.
-Cada cual de nosotras era un tono en la armonía de su color.
-En las noches de luna, cuando su plateada luz resbalaba sobre la cima de los montes, ¿te acuerdas cómo charlábamos en voz baja entre las diáfanas sombras?
-Y referíamos con un blando susurro las historias de los silfos que se columpian en los hilos de oro que cuelgan las arañas entre los árboles.
-Hasta que suspendíamos nuestra monótona charla para oír embebecidas las quejas del ruiseñor, que había escogido nuestro tronco por escabel.
-Y eran tan tristes y tan suaves sus lamentos que, aunque llenas de gozo al oírle, nos amanecía llorando.
-¡Oh! ¡Qué dulces eran aquellas lágrimas que nos prestaba el rocío de la noche y que resplandecían con todos los colores del iris a la primera luz de la aurora!
-Después vino la alegre banda de jilgueros a llenar de vida y de ruidos el bosque con la alborozada y confusa algarabía de sus cantos.
-Y una enamorada pareja colgó junto a nosotras su redondo nido de aristas y de plumas.
-Nosotras servíamos de abrigo a los pequeñuelos contra las molestas gotas de la lluvia en las tempestades de verano.
-Nosotras les servíamos de dosel y los defendíamos de los importunos rayos del sol.
-Nuestra vida pasaba como un sueño de oro, del que no sospechábamos que se podría despertar.
-Una hermosa tarde en que todo parecía sonreír a nuestro alrededor, en que el sol poniente encendía el ocaso y arrebolaba las nubes, y de la tierra ligeramente húmeda se levantaban efluvios de vida y perfumes de flores, dos amantes se detuvieron a la orilla del agua y al pie del tronco que nos sostenía.
-¡Nunca se borrará ese recuerdo de mi memoria. Ella era joven, casi una niña, hermosa y pálida. Él le decía con ternura: -¿Por qué lloras? -Perdona este involuntario sentimiento de egoísmo -le respondió ella enjugándose una lágrima-; lloro por mí. Lloro la vida que me huye: cuando el cielo se corona de rayos de luz, y la tierra se viste de verdura y de flores, y el viento trae perfumes y cantos de pájaros y armonías distantes, y se ama y se siente una amada, ¡la vida es buena! -¿Y por qué no has de vivir? -insistió él estrechándole las manos conmovido. -Porque es imposible. Cuando caigan secas esas hojas que murmuran armoniosas sobre nuestras cabezas, yo moriré también, y el viento llevará algún día su polvo y el mío ¿quién sabe adónde?
Yo lo oí y tú lo oíste, y nos estremecimos y callamos. ¡Debíamos secarnos! ¡Debíamos morir y girar arrastradas por los remolinos del viento! Mudas y llenas de terror permanecíamos aún cuando llegó la noche. ¡Oh! ¡Qué noche tan horrible!
-Por la primera vez faltó a su cita el enamorado ruiseñor que la encantaba con sus quejas.
-A poco volaron los pájaros, y con ellos sus pequeñuelos ya vestidos de plumas; y quedó el nido solo, columpiándose lentamente y triste como la cuna vacía de un niño muerto.
Y huyeron las mariposas blancas y las libélulas azules, dejando su lugar a los insectos oscuros que venían a roer nuestras fibras y a depositar en nuestro seno sus asquerosas larvas.
-¡Oh! ¡Y cómo nos estremecíamos encogidas al helado contacto de las escarchas de la noche!
-Perdimos el color y la frescura.
-Perdimos la suavidad y la forma, y lo que antes al tocarnos era como rumor de besos, como murmullo de palabras de enamorados, luego se convirtió en áspero ruido, seco, desagradable y triste.
-¡Y al fin volamos desprendidas!
-Hollada bajo el pie del indiferente pasajero, sin cesar arrastrada de un punto a otro entre el polvo y el fango, me he juzgado dichosa cuando podía reposar un instante en el profundo surco de un camino.
-Yo he dado vueltas sin cesar, arrastrada por la turbia corriente, y en mi larga peregrinación vi, solo, enlutado y sombrío, contemplando con una mirada distraída las aguas que pasaban y las hojas secas que marcaban su movimiento, a uno de los dos amantes cuyas palabras nos hicieron presentir la muerte.
-¡Ella también se desprendió de la vida y acaso dormirá en una fosa reciente, sobre la que yo me detuve un momento!
-¡Ay! Ella duerme y reposa al fin; pero nosotras, ¿cuándo acabaremos este largo viaje?...
-¡Nunca!... Ya el viento que nos dejó reposar un punto vuelve a soplar, y ya me siento estremecida para levantarme de la tierra y seguir con él. ¡Adiós, hermana!
-¡Adiós!...
Silbó el aire, que había permanecido un momento callado, y las hojas se levantaron en confuso remolino, perdiéndose a lo lejos entre las tinieblas de la noche.
Y yo pensé entonces algo que no puedo recordar, y que, aunque lo recordase, no encontraría palabras para decirlo.

 

    domingo, 14 de noviembre de 2010

    LAZARILLO Y LA NOVELA PICARESCA---20/11/2010---PROFESORA DOÑA: EMILIA MARTÍN

     

    PROFESORA: DOÑA EMILIA MARTINA

      Novela picaresca

    La novela picaresca: el Lazarillo de Tormes

    Lazarillo de Tormes visto por Francisco de Goya.
    Novela picaresca es un género literario narrativo en prosa, muy característico de la literatura española, si bien trascendió a la europea. Surgió en los años de transición entre el Renacimiento y el Barroco, durante el llamado Siglo de Oro de las letras españolas.

    La novela picaresca nació como parodia de las idealizadoras narraciones del Renacimiento: epopeyas, libros de caballerías, novela sentimental, novela pastoril...

    En España el género extraía la sustancia moral, social y religiosa del contraste cotidiano entre dos estamentos, el de los nobles y el de los siervos.

    El protagonista es un pícaro,(vanish) de muy bajo rango social o estamento y descendiente de padres sin honra o abiertamente marginados o delincuentes.

     Estructura de falsa autobiografía. La novela de humor está narrada en primera persona como si el protagonista, un pecador arrepentido y antihéroe, fuera el autor y narrara sus propias aventuras con la intención de moralizar, empezando por su genealogía, antagónica a lo que se supone es la estirpe de un caballero. El pícaro aparece en la novela desde una doble perspectiva: como autor y como actor. Como autor se sitúa en un tiempo presente que mira hacia su pasado y narra una acción cuyo desenlace conoce de antemano.

    Determinismo: aunque el pícaro intenta mejorar de condición social, fracasa siempre y siempre será un pícaro.

    Ideología moralizante y pesimista.

     Intención satírica y estructura itinerante.

    Realismo, incluso naturalismo al describir algunos de los aspectos más desagradables de la realidad, que nunca se presentará como idealizada sino como burla o desengaño.



    Cubierta de una de las ediciones de 1554 del Lazarillo de Tormes


















    El Lazarillo de Torme anónimo 
















































    La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (más conocida como Lazarillo de Tormes) es una novela española anónima, escrita en primera persona y en estilo epistolar (como una sola y larga carta), cuya edición conocida más antigua data de 1554. En ella se cuenta de forma autobiográfica la vida de un niño, Lázaro de Tormes, en el siglo XVI, desde su nacimiento y mísera infancia hasta su matrimonio, ya en la edad adulta. Es considerada precursora de la novela picaresca por elementos como el realismo, la narración en primera persona, la estructura itinerante entre varios amos y la ideología moralizante y pesimista.

    Lazarillo de Tormes es un esbozo irónico y despiadado de la sociedad del momento, de la que se muestran sus vicios y actitudes hipócritas, sobre todo las de los clérigos y religiosos. Hay diferentes hipótesis sobre su autoría. Probablemente el autor fue simpatizante de las ideas erasmistas.

    Esto motivó que la Inquisición la prohibiera y que, más tarde, permitiera su publicación, una vez expurgada. La obra no volvió a ser publicada íntegramente hasta el siglo XIX.
    • Tratado Primero:
      Cuenta Lázaro su vida,
      y cuyo hijo fue
    • Tratado Segundo:
      Como Lázaro se asentó con un clérigo,
      y de las cosas que con él pasó
    • Tratado Tercero:
      Como Lázaro se asentó con un escudero,
      y de lo que le acaeció con él
    • Tratado Cuarto:
      Como Lázaro se asentó con un fraile de la Merced,
      y de lo que le acaeció con él
    • Tratado Quinto:
      Como Lázaro se asentó con un buldero,
      y de las cosas que con él paso
    • Tratado Sexto:
      Como Lázaro se asentó con un capellán,
      y lo que con él pasó.
    • Tratado Septimo:
      Como Lazaro se asentó con un alguacil,
      y de lo que le acaeció con él

     - BORRAR ESTA LINEA Y ESCRIBIR LA PARTE FINAL DE LA ENTRADA

    sábado, 13 de noviembre de 2010

    MEMORIA DE ACTIVIDADES DEL AULA, MES DE OCTUBRE,JOSEFA MOYA MARTÍNEZ


    Memoria de actividades del aula

    DOÑA: JOSEFA MOYA MARTÍNEZ




    Empieza las clases con tres asignaturas:
     ITINERARIO POR NUESTRO PATRIMONIO que imparte, nuestro coordinador D. JOSÉ MIGUEL CARA.

     LITERATURA ESPAÑOLA, impartida por nuestra directora del AULA DOÑA. CONCEPCIÓN ARGENTE DEL CASTILLO

    PSICOLOGÍA a cargo del subdirector del AULA D. JOSÉ MARÍA ROA.

    Con la ilusión de siempre, pero esperando el 2º ciclo para una parte del alumnado, empezamos el décimo cuarto curso.
    Este año, la Universidad ha tenido a bien solidarizarse en recortar gastos por el tema de la crisis.

    La inauguración ha sido bastante sobria. Nuestra directora, Dña. Concha, aprovechó una de sus clases, para al mismo tiempo inaugurar el presente curso, economizando así el gasto de hacer un viaje supletorio exprocesó.

    El acto por ser sencillo no dejó de ser emotivo.

    Al terminar nos fuimos al casino de Baza a tomarnos un café y unas pastas, por gentileza de la asociación de alumnos.

    El Señor Alcalde D. Pedro Peñalver, no pudo asistir al acto de inauguración debido a su apretada agenda. No obstante tuvo la gentileza de venir a saludarnos el día 27 para disculparse, y al mismo tiempo hacernos llegar la noticia siguiente:

    Nuestra ciudad, Baza, había sido elegida a nivel de Andalucía para llevar a cabo un programa de SALUD INTEGRAL (o BIENESTAR SOCIAL) que es lo mismo, con resultados más que positivos, sobre el colectivo de mayores, todo ello, gracias al envejecimiento activo, debido en parte al aprendizaje continuo el cual repercute en la calidad de vida y por ende a la salud, y así ha sido reflejado.
    Los mayores, practicamos, marchas, ejercicios de yoga, aprendemos cosas nuevas cada día, y así visitamos menos al médico generalista.

    Una representación del Aula acompañados de nuestro coordinador, realizamos una visita a la emisora Onda cero. Para promocionar nuestra AULA PERMANENTE  DE FORMACIÓN CONTINUA animando a la gente de Baza y aledaños, a formar parte de ella.

    El día 20 tuvo lugar la elección del delegado/a del Aula.
    El espacio de presentación de candidatos quedó desierto;
    así que votamos por una amplia mayoría al mismo candidato a D. Manuel Contreras que ya tiene experiencia en este cargo, que también desarrolla.



    Inauguración DEL  CURSO ACADÉMICO 2010/2011














    domingo, 7 de noviembre de 2010

    LÍRICA BARROCA ---PROFESORA ---DOÑA EMILIA MARTÍN

                         

    CONTEXTO SOCIOHISTORICO
    • Perdida de la hegemonía española
    • Miseria y des población interior
    • Bancarrota del Estado
    • Expulsión de los moriscos
    • Gobierno en manos de validos y delegados político

    CORRIENTES

    • Archivo:Luis de Góngora y Argote.jpg
      Luis de Góngora
              CULTERANISMO 



      LUIS DE GÓNGORA

      metáforas, paralelismos, aliteraciones, hipérbatos...



      • CONCEPTISMO



      Francisco de Quevedo














      FRANCISCO DE QUEVEDO



      • Léxico racionalista: lo lógico ante lo emocional
      • Asociación ingeniosa de ideas y palabras
      • Recursos retóricos: metáforas, antítesis, oximoron...






      Archivo:Baltasar Gracián (Graus restaurado).jpg
      Baltasar Gracián




      BALTASAR BRACIÁN














      AUTORES ------- LÍRICA BARROCA

      • Uso de cultismos, hipérbatos, alusiones mitológicas, metáforas
      • poemas populares: romances y letrillas
      • Poemas cultos: Fábula de Polifemo y Galatea, Soledades, Panegírico al duque de Lerma, Fábula  de Píramo y Tisbe
      • Uso de metáforas, sustantivaciones insólitas, juegos de palabras, antítesis, oximoron..
      • Poemas metafísicos, morales, religiosos, amorosos, satíricos y de circunstancias
      • Obras relacionada con su vida: naturalidad y claridad expresiva y pasión por la lírica popular
      • Rimas, Rimas sacras, Rimas humanas y divinas dell licenciado omé de Burguillos

      Lope de Vega y Carpio







       LOPE DE VEGA










      ¡QUE SE NOS VA LA PASCUA, MOZAS,
                  QUE SE NOS VA LA PASCUA!
      ¡Que se nos va la Pascua, mozas,
      Que se nos va la Pascua!

      Mozuelas las de mi barrio,
      Loquillas y confiadas,
      Mirad no os engañe el tiempo,
      La edad y la confianza.
      No os dejéis lisonjear
      De la juventud lozana,
      Porque de caducas flores
      Teje el tiempo sus guirnaldas.
      ¡Que se nos va la Pascua, mozas,
      Que se nos va la Pascua!

      Vuelan los ligeros años,
      Y con presurosas alas
      Nos roban, como harpías,
      Nuestras sabrosas viandas.
      La flor de la maravilla
      Esta verdad nos declara,
      Porque le hurta la tarde
      Lo que le dio la mañana.
      ¡Que se nos va la Pascua, mozas,
      Que se nos va la Pascua!

      Mirad que cuando pensáis
      Que hacen la señal del alba
      Las campanas de la vida,
      Es la queda, y os desarman
      De vuestro color y lustre,
      De vuestro donaire y gracia,
      Y quedáis todas perdidas
      Por mayores de la marca.
      ¡Que se nos va la Pascua, mozas,
      Que se nos va la Pascua!

      Yo sé de una buena vieja
      Que fue un tiempo rubia y zarca,
      Y que al presente le cuesta
      Harto caro el ver su cara,
      Porque su bruñida frente
      Y sus mejillas se hallan
      Más que roquete de obispo
      Encogidas y arrugadas.
      ¡Que se nos va la Pascua, mozas,
      Que se nos va la Pascua!

      Y sé de otra buena vieja,
      Que un diente que le quedaba
      Se lo dejó este otro día
      Sepultado en unas natas,
      Y con lágrimas le dice:
      «Diente mío de mi alma,
      Yo sé cuándo fuistes perla,
      Aunque ahora no sois caña.»
      ¡Que se nos va la Pascua, mozas,
      Que se nos va la Pascua!

      Por eso, mozuelas locas,
      Antes que la edad avara
      El rubio cabello de oro
      Convierta en luciente plata,
      Quered cuando sois queridas,
      Amad cuando sois amadas,
      Mirad, bobas, que detrás
      Se pinta la ocasión calva.
      ¡Que se nos va la Pascua, mozas,
      Que se nos va la Pascua!
      Luis de Góngora y Argote, 1582

      ÁNDEME YO CALIENTE
      Ándeme yo caliente
        Y ríase la gente.

       Traten otros del gobierno
      Del mundo y sus monarquías,
      Mientras gobiernan mis días
      Mantequillas y pan tierno,
      Y las mañanas de invierno
      Naranjada y aguardiente,
        Y ríase la gente.
       Coma en dorada vajilla
      El príncipe mil cuidados,
      Cómo píldoras dorados;
      Que yo en mi pobre mesilla
      Quiero más una morcilla
      Que en el asador reviente,
        Y ríase la gente.
       Cuando cubra las montañas
      De blanca nieve el enero,
      Tenga yo lleno el brasero
      De bellotas y castañas,
      Y quien las dulces patrañas
      Del Rey que rabió me cuente,
        Y ríase la gente.
       Busque muy en hora buena
      El mercader nuevos soles;
      Yo conchas y caracoles
      Entre la menuda arena,
      Escuchando a Filomena
      Sobre el chopo de la fuente,
        Y ríase la gente.
       Pase a media noche el mar,
      Y arda en amorosa llama
      Leandro por ver a su Dama;
      Que yo más quiero pasar
      Del golfo de mi lagar
      La blanca o roja corriente,
        Y ríase la gente.
       Pues Amor es tan cruel,
      Que de Píramo y su amada
      Hace tálamo una espada,
      Do se junten ella y él,
      Sea mi Tisbe un pastel,
      Y la espada sea mi diente,
        Y ríase la gente


      Luis de Góngora y Argote, 1581

      AL MOSQUITO DE LA TROMPETILLA
      Ministril de las ronchas y picadas,
      Mosquito postillón, Mosca barbero,
      Hecho me tienes el testuz harnero
      Y deshecha la cara a manotadas.
      Trompetilla que toca a bofetadas,
      Que vienes con rejón contra mi cuero,
      Cupido pulga, Chinche trompetero
      Que vuelas comezones amoladas,
      ¿Por qué me avisas si picarme quieres?
      Que pues que das dolor a los que cantas,
      De Casta y condición de potras eres.
      Tú vuelas y tú picas y tú espantas
      Y aprendes del cuidado y las mujeres
      A malquistar el sueño con las mantas.

      Francisco de Quevedo y Villegas

      PODEROSO CABALLERO ES DON DINERO

      Madre, yo al oro me humillo,
      Él es mi amante y mi amado,
      Pues de puro enamorado
      Anda continuo amarillo.
      Que pues doblón o sencillo
      Hace todo cuanto quiero,
      Poderoso caballero
      Es don Dinero.

      Nace en las Indias honrado,
      Donde el mundo le acompaña;
      Viene a morir en España,
      Y es en Génova enterrado.
      Y pues quien le trae al lado
      Es hermoso, aunque sea fiero,
      Poderoso caballero
      Es don Dinero.

      Son sus padres principales,
      Y es de nobles descendiente,
      Porque en las venas de Oriente
      Todas las sangres son Reales.
      Y pues es quien hace iguales
      Al rico y al pordiosero,
      Poderoso caballero
      Es don Dinero.

      ¿A quién no le maravilla
      Ver en su gloria, sin tasa,
      Que es lo más ruin de su casa
      Doña Blanca de Castilla?
      Mas pues que su fuerza humilla
      Al cobarde y al guerrero,
      Poderoso caballero
      Es don Dinero.



      Francisco de Quevedo y Villegas



      domingo, 31 de octubre de 2010

      LITERATURA ESPAÑOLA LA POESIA LÍRICA EN EL SIGLO XVI ELY EL GÉNERO PASTORIL

        14 octubre
       LA OBRA POÉTICA DE GARCILASO DE LA VEGA


      En los primeros años del siglo XVI, y dentro del conjunto de cambios propiciados por el Renacimiento, surgió un nuevo modo de hacer poesía muy próximo a las expectativas del hombre moderno. De esta revolución poética el líder indiscutible un poeta caballero: 
      Retrato de Garcilaso de la Vega.
       LA OBRA POÉTICA DE GARCILASO


      Garcilaso escribió cuarenta sonetos, cinco canciones, tres églogas, dos elegías y una epístola.

      • Sonetos. El soneto fue inventando por los trovadores provenzales y consolidados por Dante y por Petrarca como núcleo de la lírica amorosa occidental.

      Los sonetos de Garcilaso son ya plenamente renacentistas, aunque en algunos de ellos persisten rasgos de la lírica de cancioneros.

      • Canciones. La canción es una forma poética de origen provenzal. Se emplea para expresar sentimientos apasionarlos. Consta de varias estrofas llamadas estancias, en las que alternan libremente versos endecasílabos y heptasílabos.

      La canción fue introducida en España por Boscán siguiendo el modelo de Petrarca. Entre las canciones de Garcilaso destaca la canción V, en la que Garcilaso creó una nueva forma estrófica: la lira

      • Églogas. Una égloga es una composición poética de extensión variable y estructura dialogada que presenta un ambiente pastoril, Su modelo son las Bucólicas, de Virgilio.
      Las tres églogas de Garcilaso constituyen la cima de su obra poética.

      • Elegías. La elegía es una composición poética de origen griego, En las literaturas modernas no presenta una métrica definida y trata asuntos luctuosos y melancólicos. Las dos elegías de Garcilaso están escritas en tercetos encadenados.
      • Epístola. Una epístola es la versión poética de una carta. La única epístola de Garcilaso trata sobre las amistad y esta a dirigida a Boscán, Escrita en versos libres, su tono es personal y espontáneo.  


      SALICIO:
       ¡Oh más dura que mármol a mis quejas,
      y al encendido fuego en que me quemo
      más helada que nieve, Galatea!,
      estoy muriendo, y aún la vida temo;                60
      témola con razón, pues tú me dejas,
      que no hay, sin ti, el vivir para qué sea.
      Vergüenza he que me vea
      ninguno en tal estado,
      de ti desamparado,                                 65
      y de mí mismo yo me corro agora.
      ¿De un alma te desdeñas ser señora,
      donde siempre moraste, no pudiendo
      de ella salir un hora?
      Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.              70

        El sol tiende los rayos de su lumbre
      por montes y por valles, despertando
      las aves y animales y la gente:
      cuál por el aire claro va volando,
      cuál por el verde valle o alta cumbre              75
      paciendo va segura y libremente,
      cuál con el sol presente
      va de nuevo al oficio,
      y al usado ejercicio
      do su natura o menester le inclina,                80
      siempre está en llanto esta ánima mezquina,
      cuando la sombra el mondo va cubriendo,
      o la luz se avecina.
      Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

        ¿Y tú, de esta mi vida ya olvidada,              85
      sin mostrar un pequeño sentimiento
      de que por ti Salicio triste muera,
      dejas llevar (¡desconocida!) al viento
      el amor y la fe que ser guardada
      eternamente sólo a mí debiera?                     90
      ¡Oh Dios!, ¿por qué siquiera,
      (pues ves desde tu altura
      esta falsa perjura
      causar la muerte de un estrecho amigo)
      no recibe del cielo algún castigo?                 95
      Si en pago del amor yo estoy muriendo,
      ¿qué hará el enemigo?
      Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

        Por ti el silencio de la selva umbrosa,
      por ti la esquividad y apartamiento                100
      del solitario monte me agradaba;
      por ti la verde hierba, el fresco viento,
      el blanco lirio y colorada rosa
      y dulce primavera deseaba.
      ¡Ay, cuánto me engañaba!                           105
      ¡Ay, cuán diferente era
      y cuán de otra manera
      lo que en tu falso pecho se escondía!
      Bien claro con su voz me lo decía
      la siniestra corneja, repitiendo                   110
      la desventura mía.
      Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

        ¡Cuántas veces, durmiendo en la floresta,
      (reputándolo yo por desvarío)
      vi mi mal entre sueños, desdichado!                115
      Soñaba que en el tiempo del estío
      llevaba, por pasar allí la sienta,
      a beber en el Tajo mi ganado;
      y después de llegado,
      sin saber de cuál arte,                            120
      por desusada parte
      y por nuevo camino el agua se iba;
      ardiendo yo con la calor estiva,
      el curso enajenado iba siguiendo
      del agua fugitiva.                                 125
      Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

        Tu dulce habla ¿en cúya oreja suena?
      Tus claros ojos ¿a quién los volviste?
      ¿Por quién tan sin respeto me trocaste?
      Tu quebrantada fe ¿dó la pusiste?                  130
      ¿Cuál es el cuello que, como en cadena,
      de tus hermosos brazos anudaste?
      No hay corazón que baste,
      aunque fuese de piedra,
      viendo mi amada hiedra,                            135
      de mí arrancada, en otro muro asida,
      y mi parra en otro olmo entretejida,
      que no se esté con llanto deshaciendo
      hasta acabar la vida.
      Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.140

        ¿Qué no se esperará de aquí adelante,
      por difícil que sea y por incierto?
      O ¿qué discordia no será juntada?,
      y juntamente ¿qué tendrá por cierto,
      o qué de hoy más no temerá el amante,              145
      siendo a todo materia por ti dada?
      Cuando tú enajenada
      de mi cuidado fuiste,
      notable causa diste,
      y ejemplo a todos cuantos cubre el cielo,          150
      que el más seguro tema con recelo
      perder lo que estuviere poseyendo.
      Salid fuera sin duelo,
      salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

        Materia diste al mundo de esperanza              155
      de alcanzar lo imposible y no pensado,
      y de hacer juntar lo diferente,
      dando a quien diste el corazón malvado,
      quitándolo de mí con tal mudanza
      que siempre sonará de gente en gente.              160
      La cordera paciente
      con el lobo hambriento
      hará su ayuntamiento,
      y con las simples aves sin ruido
      harán las bravas sierpes ya su nido;               165
      que mayor diferencia comprendo
      de ti al que has escogido.
      Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

        Siempre de nueva leche en el verano
      y en el invierno abundo; en mi majada              170
      la manteca y el queso está sobrado;
      de mi cantar, pues, yo te vi agradada
      tanto que no pudiera el mantuano
      Títiro ser de ti más alabado.
      No soy, pues, bien mirado,                         175
      tan disforme ni feo;
      que aún agora me veo
      en esta agua que corre clara y pura,
      y cierto no trocara mi figura
      con ese que de mí se está riendo;                  180
      ¡trocara mi ventura!
      Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

        ¿Cómo te vine en tanto menosprecio?
      ¿Cómo te fui tan presto aborrecible?
      ¿Cómo te faltó en mí el conocimiento?              185
      Si no tuvieras condición terrible,
      siempre fuera tenido de ti en precio,
      y no viera de ti este apartamiento.
      ¿No sabes que sin cuento
      buscan en el estío                                 190
      mis ovejas el frío
      de la sierra de Cuenca, y el gobierno
      del abrigado Estremo en el invierno?
      Mas ¡qué vale el tener, si derritiendo
      me estoy en llanto eterno!                         195
      Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

        Con mi llorar las piedras enternecen
      su natural dureza y la quebrantan;
      los árboles parece que se inclinan:
      las aves que me escuchan, cuando cantan,           200
      con diferente voz se condolecen,
      y mi morir cantando me adivinan.
      Las fieras, que reclinan
      su cuerpo fatigado,
      dejan el sosegado                                  205
      sueño por escuchar mi llanto triste.
      Tú sola contra mí te endureciste,
      los ojos aún siquiera no volviendo
      a lo que tú hiciste.
      Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.              210
       
        Mas ya que a socorrerme aquí no vienes,
      no dejes el lugar que tanto amaste,
      que bien podrás venir de mí segura;
      yo dejaré el lugar do me dejaste;               
      ven, si por sólo esto te detienes;                 215
      ves aquí un prado lleno de verdura,
      ves aquí una espesura,
      ves aquí una agua clara,
      en otro tiempo cara,                            
      a quien de ti con lágrimas me quejo.               220
      Quizá aquí hallarás (pues yo me alejo)
      al que todo mi bien quitarme puede;
      que pues el bien le dejo,
      no es mucho que el lugar también le quede.      

        Aquí dio fin a su cantar Salicio,                225
      y suspirando en el postrero acento,
      soltó de llanto una profunda vena.
      Queriendo el monte al grave sentimiento
      de aquel dolor en algo ser propicio,            
      con la pesada voz retumba y suena.                 230
      La blanca Filomena,
      casi como dolida
      y a compasión movida,
      dulcemente responde al son lloroso.             
      Lo que cantó tras esto Nemoroso                    235
      decidlo vos Piérides, que tanto
      no puedo yo, ni oso,
      que siento enflaquecer mi débil canto.

      Nemoroso:

        Corrientes aguas, puras, cristalinas,
      árboles que os estáis mirando en ellas,            240
      verde prado, de fresca sombra lleno,
      aves que aquí sembráis vuestras querellas,
      hiedra que por los árboles caminas,
      torciendo el paso por su verde seno:
      yo me vi tan ajeno                                 245
      del grave mal que siento,
      que de puro contento
      con vuestra soledad me recreaba,
      donde con dulce sueño reposaba,
      o con el pensamiento discurría                     250
      por donde no hallaba
      sino memorias llenas de alegría.

        Y en este mismo valle, donde agora
      me entristezco y me canso, en el reposo
      estuve ya contento y descansado.                   255
      ¡Oh bien caduco, vano y presuroso!
      Acuérdome, durmiendo aquí alguna hora,
      que despertando, a Elisa vi a mi lado.
      ¡Oh miserable hado!
      ¡Oh tela delicada,                                 260
      antes de tiempo dada
      a los agudos filos de la muerte!
      Más convenible fuera aquesta suerte
      a los cansados años de mi vida,
      que es más que el hierro fuerte,                   265
      pues no la ha quebrantado tu partida.

        ¿Dó están agora aquellos claros ojos
      que llevaban tras sí, como colgada,
      mi ánima doquier que ellos se volvían?
      ¿Dó está la blanca mano delicada,                  270
      llena de vencimientos y despojos
      que de mí mis sentidos le ofrecían?
      Los cabellos que vían
      con gran desprecio al oro,
      como a menor tesoro,                               275
      ¿adónde están?  ¿Adónde el blando pecho?
      ¿Dó la columna que el dorado techo
      con presunción graciosa sostenía?
      Aquesto todo agora ya se encierra,
      por desventura mía,                                280
      en la fría, desierta y dura tierra.

        ¿Quién me dijera, Elisa, vida mía,
      cuando en aqueste valle al fresco viento
      andábamos cogiendo tiernas flores,
      que había de ver con largo apartamiento            285
      venir el triste y solitario día
      que diese amargo fin a mis amores?
      El cielo en mis dolores
      cargó la mano tanto,
      que a sempiterno llanto                            290
      y a triste soledad me ha condenado;
      y lo que siento más es verme atado
      a la pesada vida y enojosa,
      solo, desamparado,
      ciego, sin lumbre, en cárcel tenebrosa.            295

        Después que nos dejaste, nunca pace
      en hartura el ganado ya, ni acude
      el campo al labrador con mano llena.
      No hay bien que en mal no se convierta y mude:
      la mala hierba al trigo ahoga, y nace              300
      en lugar suyo la infelice avena;
      la tierra, que de buena
      gana nos producía
      flores con que solía
      quitar en sólo vellas mil enojos,                  305
      produce agora en cambio estos abrojos,
      ya de rigor de espinas intratable;
      yo hago con mis ojos
      crecer, llorando, el fruto miserable.

        Como al partir del sol la sombra crece,          310
      y en cayendo su rayo se levanta
      la negra escuridad que el mundo cubre,
      de do viene el temor que nos espanta,
      y la medrosa forma en que se ofrece
      aquello que la noche nos encubre,                  315
      hasta que el sol descubre
      su luz pura y hermosa:
      tal es la tenebrosa
      noche de tu partir, en que he quedado
      de sombra y de temor atormentado,                  320
      hasta que muerte el tiempo determine
      que a ver el deseado
      sol de tu clara vista me encamine.

        Cual suele el ruiseñor con triste canto
      quejarse, entre las hojas escondido,               325
      del duro labrador, que cautamente
      le despojó su caro y dulce nido
      de los tiernos hijuelos, entre tanto
      que del amado ramo estaba ausente,
      y aquel dolor que siente                           330
      con diferencia tanta
      por la dulce garganta
      despide, y a su canto el aire suena,
      y la callada noche no refrena
      su lamentable oficio y sus querellas,              335
      trayendo de su pena
      al cielo por testigo y las estrellas;

        desta manera suelto yo la rienda
      a mi dolor, y así me quejo en vano
      de la dureza de la muerte airada.                  340
      Ella en mi corazón metió la mano,
      y de allí me llevó mi dulce prenda,
      que aquél era su nido y su morada.
      ¡Ay muerte arrebatada!
      Por ti me estoy quejando                           345
      al cielo y enojando
      con importuno llanto al mundo todo:
      tan desigual dolor no sufre modo.
      No me podrán quitar el dolorido
      sentir, si ya del todo                             350
      primero no me quitan el sentido.

        Una parte guardé de tus cabellos,
      Elisa, envueltos en un blanco paño,
      que nunca de mi seno se me apartan;
      descójolos, y de un dolor tamaño                   355
      enternecerme siento, que sobre ellos
      nunca mis ojos de llorar se hartan.
      Sin que de allí se partan,
      con sospiros calientes,
      más que la llama ardientes,                        360
      los enjugo del llanto, y de consuno
      casi los paso y cuento uno a uno;
      juntándolos, con un cordón los ato.
      Tras esto el importuno
      dolor me deja descansar un rato.                   365

        Mas luego a la memoria se me ofrece
      aquella noche tenebrosa, escura,
      que siempre aflige esta ánima mezquina
      con la memoria de mi desventura
      Verte presente agora me parece                     370
      en aquel duro trance de Lucina,
      y aquella voz divina,
      con cuyo son y acentos
      a los airados vientos
      pudieras amansar, que agora es muda.               375
      Me parece que oigo que a la cruda,
      inexorable diosa demandabas
      en aquel paso ayuda;
      y tú, rústica diosa, ¿dónde estabas?

        ¿Ibate tanto en perseguir las fieras?            380
      ¿Ibate tanto en un pastor dormido?
      ¿Cosa pudo bastar a tal crüeza,
      que, conmovida a compasión, oído
      a los votos y lágrimas no dieras,
      por no ver hecha tierra tal belleza,               385
      o no ver la tristeza
      en que tu Nemoroso
      queda, que su reposo
      era seguir tu oficio, persiguiendo
      las fieras por los monte, y ofreciendo             390
      a tus sagradas aras los despojos?
      ¿Y tú, ingrata, riendo
      dejas morir mi bien ante los ojos?

        Divina Elisa, pues agora el cielo
      con inmortales pies pisas y mides,                 395
      y su mudanza ves, estando queda,
      ¿por qué de mí te olvidas y no pides
      que se apresure el tiempo en que este velo
      rompa del cuerpo, y verme libre pueda,
      y en la tercera rueda,                             400
      contigo mano a mano,
      busquemos otro llano,
      busquemos otros montes y otros ríos,
      otros valles floridos y sombríos,
      do descansar y siempre pueda verte                 405
      ante los ojos míos,
      sin miedo y sobresalto de perderte?

                  ------

        Nunca pusieran fin al triste lloro
      los pastores, ni fueran acabadas
      las canciones que sólo el monte oía,               410
      si mirando las nubes coloradas,
      al tramontar del sol bordadas de oro,
      no vieran que era ya pasado el día,
      la sombra se veía
      venir corriendo apriesa                            415
      ya por la falda espesa
      del altísimo monte, y recordando
      ambos como de sueño, y acabando
      el fugitivo sol, de luz escaso,
      su ganado llevando,                                420
      se fueran recogiendo paso a paso.